3.5.08

"VACÍOS"




La casa no tenía vida alguna. Todo eran curvas simples y sin sentido.
En ella vivía Isa, una anciana triste y sin gracia. Siempre se encontraba en aquel sillón de mimbre desecho. Pensaba, solo pensaba.
Todo era una rutina vacía: Isa comenzaba su mañana calentando agua para el mate. La radio sonaba. En la tarde, nada nuevo... A eso de las siete regaba las pocas plantas que tenía en su ventana.

Alguien tocó a la puerta el día trece de abril de 1997...
Isa se levantó de su sillón viejo y pajoso. Atendió.

- ¿Qué precisa joven? –pregunta Isa con voz algo débil.
- Mire, necesito un techo para dormir esta noche, ¿podría brindármelo? –propone una mujer de cara pálida.
- ¿Se siente bien, mija?
- Señora, ¿puedo pasar? –insiste la mujer.
- Bueno, pase... –anuncia Isa.

La mujer pálida entró con delicadeza respetando el ambiente. Isa, en silencio, le proporcionó un vaso con agua.
Conversaron, se conocieron. La doña se interesó por conocer la historia de vida que tenía aquella mujer.

- ¿Cuál es tu nombre?
- Perdone, no me presenté; mi nombre es Rita, Rita Nuro.
- ¿Tienes familia, mija? –Isa toma el vaso con agua.
- No tengo a nadie, señora. Mi vida es un vacío humano... Le agradezco que usted me brinde hospedaje por esta noche, muchas gracias. –agradece Rita.
- Si quieres puedes quedarte mas de una noche, no hay problema! –dijo Isa sonriendo.
- Muchas gracias, señora. Por cierto... ¿cómo se llama?
- Isa, pero dime Doña. Es hora de preparar la cena... ¿me ayudas?
- Claro que si... –Rita se siente muy bien recibida. Levanta los dos vasos con agua y camina junto a Isa.

Éstas dos mujeres buscaban llenar de alegría sus vidas, lo estaban logrando poco a poco.


El día había llegado. Rita vivió durante tres años con Isa, de hecho se había convertido en una amiga para la doña.
Rita, la mujer pálida, preparaba el almuerzo en la cocina de la casa. Isa, siempre en su sillón de mimbre desecho, escribía una carta...

- Doña Isa, ¿te encuentras bien?
- Si mija... quédate tranquila –alcanzó a avisar la anciana con voz ronca y sin fuerza.

Aquella carta había quedado allí, intacta.
Rita percibió algo extraño. Corrió hasta el sillón de mimbre. Isa se encontraba sentada en él.
Se acercó, la anciana había fallecido. Rita cerró sus ojos lentamente y se echó a llorar a su lado...



Años pasaron desde aquella trágica muerte. Rita formó una familia. Se casó con un tal Mario Gómez, tuvo una hermosa hija con él. La vida de esta mujer había cambiado, ya no era todo un vacío...

Rita encontrará la carta un día.
La casa será la protagonista.
Se asombrará...



IVOGARCEV / abril dos mil siete

Historia dedicada a todas aquellas personas que intentan llenar de amor y alegría su vida. Poco a poco...

No hay comentarios: